lunes, 20 de junio de 2016

Las medias negras

Hermosa lucia esa mañana al salir de la ducha, al contemplarla, no pude evitar la sensación de excitación. Mi corazón bombeaba velozmente un torrente sanguíneo hacia mi entre pierna.
Por la hora, únicamente pude besarla, y elogiar su belleza.
En todo el día no pude pensar otra cosa, mi cabeza daba vueltas en la imagen de ella, hermosa y bella cubriendo esas perfectas piernas con unas medias negras. Me estremecía el recordar el sonido de sus piernas rosando mientras caminaba. Recordaba su hermoso rostro aun sin maquillaje, cuan perfecto era; sus labios carmesí, sus dientes perfectamente alineados y blancos, sus mejillas rojas por naturaleza, y sus ojos, esos bellos ojos color miel, los cuales me enamoraron, pero que pese al paso de los años, aun encendían mis más bajas pasiones.
Un escalofrío recorría mi cuerpo al recordar el suave aroma a vainilla que emanaba de su ser, al igual que el aroma a frutas que emanaba de su cabello.
Contaba los minutos para poder estar a su lado. Cuando al fin salí de la oficina, fui a toda velocidad a casa, la espere en la sala. En cuanto llego, no pronuncio ninguna palabra. Se sentó a mi lado, discretamente puse mi mano en su rodilla. Mi lujuria se disparó en ese momento. Comenzamos a besarnos frenéticamente. La cargue y la lleve a nuestro aposento.
En el remolino de pasión, estaba sobre ella, como pude baje mis pantalones, y sin dejar de besar esas bellas piernas, le quite las bragas. Sudoroso y excitado, le hice el amor salvajemente. Ella me afianzaba con sus piernas entrelazadas en las mías, era más que un placer, poder ver su rostro frente al mío, contemplar los gestos de gozo que se dibujaban en su rostro. Magnifico escuchar los pequeños gemidos que de cuando en cuando escapaban de sus labios. Todo un placer fue el sabor de sus labios, la sensación que se generaba en el contacto de mi lengua contra su piel.
Me regocijaba al poder acariciar su piel, besar sus senos, una excitación fantástica me recorría al sentir sus piernas cubiertas con esas medias negras entrelazadas con las mías, que a momentos me apretaban frenéticamente.
En este cóctel de pasión, ella provoco el orgasmo en mi ser, cuando ella apretó fuertemente mis nalgas, y libero el espasmo de su ser sobre mi miembro, eso disparó esa inyección de endorfina en mi cerebro, y ese espasmo en mi entrepierna.
Espero poder tener el honor de poseer a esa mujer nuevamente, y agradecido con el universo quedo, por ese encuentro con ella.


Jorge F. Guillén
“Pluma mexicana”

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