jueves, 9 de junio de 2016

El motor del mundo

Cierto día estaban en plena tertulia el amor, el odio, la ira, la avaricia, la pereza y la lujuria.  Conversaban temas vánales, nada relevante, y todo marchaba bien, hasta que el amor exclamo; “Yo soy el motor del mundo, soy la fuerza que mueve a los humanos, lo que genera guerras, alianzas, soy esa razón para que ellos vayan a cualquier lugar y hagan lo que sea”.
Todos lo miraron en silencio, se miraron unos a otros y comenzaron a reír. “Iluso eres querido, los seres humanos tienen dentro de ellos la maldad, así como las semillas de árboles con plaga tienen las larvas, nacen con ellas dentro, y se desarrollan, cuando ellos son hombre, la larva ha corroído su corazón. No puedes ser tú el motor que mueve el mundo” exclamo con tono furioso la ira.
“Es correcto” dijo la avaricia, “todos los hombres son capaces de hacer cualquier cosa por poder y riqueza, el sueño de todos ellos es ser más que los demás por estos medios, ambicionan riqueza y ambicionan poder. Viven para trabajar, no trabajan para vivir. Matan, mienten, hunden y hacen cualquier cosa por estar sobre sus semejantes.”  Un ronquido al fondo del salón, corto la plática; era la pereza, plácidamente dormida, que no se había tomado la molestia de siquiera entrar en la plática, se soñaba así misma, viendo un partido de futbol sin preocuparse de todos los problemas que había alrededor.
El odio, evidentemente furioso estaba a punto de despertarle, cuando la lujuria exclamo; “Dejadle, todos sabemos que el amor tiene razón a medias”. Todos la miraron extrañados. Con una mezcla de satisfacción. “Es cierto, no me mires con esos ojos” replico la lujuria, “Todos los humanos aman, porque sienten deseo sexual, el motor que mueve sus vidas lo llevan bajo la cintura”. Tú crees que eres tú, pero no, te equivocas hermano mío. Es su instinto primitivo de aparearse, el cual se convierte en adicción, lo que los hace hacer cualquier cosa.” La ira y la avaricia estaban a punto de replicar, sin embargo, la pereza se volvió hacia ellos, y sutilmente les dijo; “el hombre ambiciona para que lo amen, siente ira  por no ser amado, pero lo más importante, siente lujuria, y cree que es amor”.
Ninguno dijo nada, solo oportunamente la pereza despertó para decir; “la lujuria es el motor del mundo”.

Jorge F. Guillén
“Pluma mexicana”


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