viernes, 10 de junio de 2016

La niña maligna

Toda su primera infancia fue normal, nunca jugo con la guija, sus padres acudían al servicio religioso, no tenía contacto con espiritismo brujería, o cualquier otra fuente de energía negativa a su alrededor.
Sus juguetes eran los de cualquier niña; tenía muñecas, princesas, algunos juegos de té, osos de felpa, rompecabezas, algunos juegos digitales, entre otras cosas.
Pasaba los días como cualquier infante de su edad; iba por las mañanas al cole,  por las tardes comía con sus padres, hacia los deberes, merendaba, tomaba un baño, y se iba a la cama. Los fines de semana, quizá la llevaban a algún paseo, o al parque. Todo en su vida era normal.
No había ninguna señal de maldad en su vida, sin embargo, la pesadilla comenzó cuando a sus padres le dio por desayunar viendo el noticiero. Como toda la televisión abierta, solo pasaban amarillismo, notas de espectáculos y deportes sin relevancia, pero sobre todo violencia, mucha violencia.
Con el trascurso de unos meses, en su alma antes pura, germino la semilla del mal. Su madre se dio cuenta, el día que la descubrió simulando un ahorcamiento de uno de sus juguetes, igual que la nota del noticiero matutino. En esa ocasión, la reprendieron seriamente, sin embargo el daño que le había ocasionado la televisión, era irreversible.
Cierto día, al volver de la escuela, descubrió en la acera a un cachorro, el cual tenía una patita lastimada. La maldad que tenía en su ser, le impidió ayudarlo, lejos de ello, cogió las tijeras de su mochila, y torturo al animal. Sus padres lo supieron, cuando vieron a una multitud de gente frente a su casa, todos arremolinados en torno a la niña. La cual, con las manos llenas de sangre y una mirada satisfactoria, picaba lo que quedaba de la mole que antes había sido el cachorro.
Desde ese día, su sed de sangre iba en aumento; mataba animales callejeros, lesionaba a los chicos del cole, agredía a quien se le pusiera enfrente.
Agobiados, sus padres acudieron a los mejores especialistas de la ciudad, los cuales solo se concretaban a decir, que nada podían hacer.
Los padres terminaron su agobio, el día que la niña descubrió en la cochera una sierra eléctrica, esa noche, sigilosamente fue al cuarto de sus padres, con la sierra en la mano, lo primero que hizo, fue cortar una pierna a su padre, el agudo grito de dolor y el sonido de la sierra, despertaron a la madre. Aterrada, entro en shock, nada pudo hacer, mientras su hija cortaba su cabeza. El padre murió desangrado, ante la macabra imagen de su hija con la cabeza de su esposa en la mano.
A la mañana siguiente, la policía descubrió los cuerpos de los padres, y no encontró a la niña. Todos sospecharon que se trataba de un secuestro, el cual hasta la fecha, sigue sin resolverse. Sin embargo, nosotros sabemos que ella sigue ahí, saciando su sed de sangre. Nadie está a salvo de la niña maligna.

Jorge F. Guillén
“Pluma mexicana”

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