domingo, 24 de julio de 2016

La sangre en la plancha

Ya tenía varios meses trabajando en el restaurante de hamburguesas, conocía perfectamente todos los procesos del manual corporativo. Poco a poco comenzó a perder el gusto por su trabajo, ya que día a día era lo mismo.
Estaba harto de tratar a los clientes que consumían diariamente esas hamburguesas llenas de carbohidratos y veneno. Los atenida en el servicio personal y por la ventanilla para el servicio de auto. Por las tardes, le tocaba preparar las dichas hamburguesas, el aroma de la carne cocinándose en la plancha le revolvía el estómago día a día. Al final del día, su asco se disipaba un poco con el aroma del jabón que empleaba para trapear todo el establecimiento, o el jabón empleado en lavar los enceres empleados para dichos efectos.
Pese a el fastidio, controlaba su humor y les mostraba a todos una sonrisa fingida, todos creían que era el perfecto engrane de la monstruosa corporación.
Diariamente rogaba por que sucediera algo que cambiara la monotonía del lugar, como un asalto un secuestro o un homicidio.
Después de varios meses de nada suceder, había abandonado su esperanza, sin embargo ese día había pescado un resfrío, por lo que no se sentía en las mejores condiciones físicas y anímicas. Eso no fue suficiente para el inescrupuloso superior, el cual pese a todo, lo obligo a trabajar ese dia. Ya había pasado la primera hora de su turno, y la fiebre que sentía no cedía. El dolor del cuerpo cortado no le permitía  continuar con la sonrisa.
Pasadas tres horas, agradeció al creador por la hora de tomar sus alimentos, la cual tuvo que gastar en tomar una pequeña siesta y reponerse del resfrío. Al despertar se sentía peor, un sudor frio le recorría el cuerpo. Uno de sus compañeros le comento que se veía mal, que fuera al médico, sin embargo, sus suplicas y las de sus compañeros no fueron suficientes para que el pobre infeliz obtuviera permiso de ir al médico.
La solución del gerente fue pasarlo a la parrilla, en la parte de atrás en donde no lo vería la clientela. Con el calor de la parrilla, comenzó a sentir mareo. Cierta confusión se apodero de él. Derivado de esto, comenzó a preparar de forma incorrecta las hamburguesas.
Después de un par de quejas de los clientes, el gerente armado de la prepotencia acostumbrada, fue a darle una reprimenda.
Todos los sentimientos de hastío, odio y malestar que tenía se desataron al escuchar el tercer “inútil” que salió a gritos  de la boca del cerdo fascista.  Sin pensarlo dos veces, cogió la espátula y con ella golpeo la cabeza del gerente.
Nadie sabe que sucedió con él, seguramente huyó, o quizá anda buscando saciar su sed de sangre, venganza y satisfacción, ya que lo único que dejo tras de sí fue un gerente muerto, con el rostro desfigurado, medio cocinado, pegado a la plancha y un charco de sangre cocinándose.

Jorge F. Guillen
“Pluma mexicana”



miércoles, 20 de julio de 2016

El demonio de Chapultepec

Había hecho el amor con mi chica hasta muy tarde, nos encontrábamos en un estacionamiento del bosque de  Chapultepec. Era aproximadamente 2:58 de la mañana, me daba curiosidad caminar por el bosque a esa hora. Mi chica no quiso salir del auto, se tapó con una frazada y se acomodó a dormir en el asiento trasero.
Me vestí, y salí a caminar un poco en el bosque. El viento era helado y solo unos cuantos postes de luz iluminaban algunas sendas del bosque.
Ya había perdido de vista el estacionamiento y únicamente escuchaba el crujido de las ramas que pisaba, el susurro de algunos animales y el viento soplando entre las ramas.
Estaba a punto de regresar, cuando algo pasó empujándome a toda prisa. Lleve mi mano a mi bolsillo trasero y no tenía mi billetera,  seguramente era un ladrón que me la acababa de robar. Sin pensarlo más corrí en su búsqueda, estaba resuelto a recuperar mi cartera. Comenzaba a fatigarme sin poder dar alcance al ladrón, estaba a punto de abandonar la persecución cuando se detuvo a un costado del museo de antropología. Claramente vi como salto entre las rejas y entro al edificio por una de las exposiciones exteriores. Algo en mi ser me decía que me fuera, sin embargo al recordar mi cartera, resolví seguirle nuevamente. Salte la reja y entre al edifico en medio de la obscuridad. Después de un rato, me percaté de que en esa sala no había nadie, por lo que me dispuse a regresar, sin embargo vi nuevamente a la sombra correr en el patio. Rápidamente Salí de esa sala en su búsqueda, al llegar al patio, solo alcance a ver que entraba en la sala mexica.
Al entrar todo era penumbra total, mis ojos apenas se acostumbraban a la oscuridad, cuando unas llamas se encendieron, pude ver que estaba parado frente al calendario azteca.
La luz de las llamas lastimaba mis ojos, así que no pude abrirlos del todo, los cerré para habituarme mas rápido, y al abrirlos estaba frente a mí. Era el rostro más espantoso que he visto en la vida, tenía dientes afilados y excesivamente grandes, su piel era arrugada, su nariz hacia recordar el día de brujas y sus ojos destellaban la maldad.
Solo sentí un fuerte empujón y alcance a escuchar una risa maléfica. En cuanto pude incorporarme, salí lo más rápido que dieron mis piernas y no paré hasta llegar al auto. No dije ni una palabra a mi chica.
A la mañana siguiente, efectivamente no tenía mi billetera y mi chamarra estaba desgarrada. No le di mayor importancia, hasta que conté el incidente a un buen amigo, el cual me dijo que ese era el demonio del calendario azteca, y que por consumar el acto carnal en su territorio tenía que ofrecerle un tributo, que había tomado mi billetera, ya que ahí tenia parte de mi esencia y que para recuperarla, tendría que ir nuevamente a la misma hora y ofrecer un poco de mi sangre sobre el calendario, o de lo contrario, tomaría mi alma. Sin embargo me advirtió que tuviera cuidado, ya que el demonio trataría de engañarme y tomar mi alma y cuerpo, arrastrándome al infierno.
Estoy aquí, aguardando la hora, mis manos sudan sobre el teclado. Si lees esto, quizá haya perdido mi alma, solo no olvides nunca consumar el acto en los terrenos de este demonio…

Jorge F. Guillen
“Pluma mexicana”

miércoles, 13 de julio de 2016

El violinista del infierno




Desde pequeño adoré la música clásica, este gusto lo herede de mis padres. Ellos escuchaban a Beethoven, Mozart, Chopin, Vivaldi y varios grandes más de la música.
Sobre toda la música, siempre adore el sonido del violín, era un éxtasis escuchar una pieza de Paganini.
También desde pequeño tome lecciones de violín, en todas las lecciones logre algunas melodías, entendía perfectamente las partituras, sin embargo siempre me quede con ganas de más.  Mis manos eran torpes, los sonidos que salían de mi violín eran más semejantes a chirridos de puerta carente de aceite, que al arte audible que brotaba de las piezas de paganini. Esto siempre me frustro muchísimo.
Llegue a la adolescencia con esa frustración, siempre quise tocar el violín como Paganini. El día que lo logre, fue un día que escuchaba la “sonata del diablo”, deliciosa pieza la cual al escucharla, le deja a uno la impresión de estar haciendo el amor con la música. Con esa bella pieza, se me ocurrió investigar un poco más sobre el mito del pacto que había entre Paganini y el demonio. En toda la investigación, apareció el nombre de un demonio quien supuestamente otorgo su habilidad a Paganini a cambio de su alma. Nada perdería con intentarlo.
Esa misma noche, me encontraba según la creencia popular en un cementerio, a las tres de la mañana, dispuesto a conjurarlo. Encendí las velas negras, 5, cada una en una punta de un pentagrama trazado en el suelo, con unos restos humanos en el centro, y un poco de mi propia sangre.
Recité las palabras sacramentales, sin que nada sucediera. Al cabo de media hora, sin escuchar más que los ruidos de algunos insectos en el cementerio, decidí volver a casa. Cuando llegué a casa, no tarde en quedarme dormido. En un sueño, un hombre sin rostro se me acercó,  con una voz grave y burlona me dijo que me concedería lo  que había pedido, sin embargo, aparte de mi alma, mi castigo seria  escuchar la sonata todas las noches sin poder descansar realmente. En ese momento, la comencé a escuchar.
A la mañana siguiente, pensé que todo había sido un sueño, pero mi insana curiosidad me hizo tomar el violín e intentarlo. Fue la primera  vez que hice música. A partir de ese momento, me convertí en un famoso violinista, inclusive fui contratado por el conservatorio de música, hice varias giras, en fin, el sueño de todo músico.
Pese a que  adoro la música, odio la sonata, ya que no puedo cerrar los ojos, sin tener que abrirlos al instante. Cuando logro dormir, aparte de la sonata, me despierta esa voz burlona que me recuerda el poco tiempo que me queda como dueño de mi alma…

Jorge F. Guillen

“Pluma mexicana”

viernes, 8 de julio de 2016

Las llamas que devoraron mi cuerpo

Nunca entendí que pasó,  algo recordaba borrosamente; había cogido un taxi. No había caminado del trabajo a casa. Abrí la puerta y me sentí mal.
No recuerdo que pasó.
A mi alrededor solo había tierra, si, era tierra, más bien era como la ceniza de un cigarro, solo que el aroma era bastante diferente. No me puedo mover, solo alcanzo a ver luz que entra por algo parecido a una ventanilla.
¿En dónde estoy?, quizá fui secuestrado. No lo creo. Estoy atrapado en mi cuerpo, no puedo ni levantar los brazos, tampoco puedo respirar. Mi pecho no se mueve.
Que sensación tan extraña. Siento la incomodidad del lugar en donde estoy, creo que me duele la espalda y estoy seguro que me duele muchísimo la cabeza. Hace calor aquí.
Nunca antes había estado aquí. ¿Cómo habré llegado aquí?, lo recuerdo vagamente. Estuve en un lugar parecido, solo que era frio, me dolía la cabeza, pero igual, no pude moverme. Me quede dormido, hasta que un movimiento me despertó. No pude ver qué pasaba. Cierto, me cubrieron con una bolsa.
Veo llamas, si, son llamas, ¡Me estoy quemando! Siento el calor y siento el dolor de las llamas que devoran mi cuerpo, no puede ser posible. Veo las llamas lamer mis  ojos, extrañamente el dolor de mi cabeza está desapareciendo.
Ya me puedo mover, que raro, me siento muy ligero, ya no tengo dolor, y pese a que estoy entre las llamas, no siento calor ni frio.
Ya lo recuerdo, camine del trabajo a casa, al entrar había alguien. Si, estaba robando mi casa, no me dio oportunidad de defenderme, me disparó. Estuve en el suelo durante horas, hasta que la vecina histérica me cubrió con una manta blanca, solo veía el tejido de la tela, pero pude escuchar. Escuche que había sido asesinado. Me llevaron al forense, de eso estoy totalmente seguro, ya que sentí como removían mis viseras y en términos médicos decían que eran sanas, a excepción de mis pulmones, supongo que estaban afectados por el cigarrillo. Disparò en la cabeza dijeron, supongo que por eso me dolía la cabeza, sin embargo sentí el hedor de mis propias viseras. Sentí la aguja entrar y salir de mi piel varias veces y, a punto de desmayarme,  me metieron a una especie de refrigerador en el cual perdí el conocimiento.
Cuando me movieron y me deslumbro la luz, solo recuerdo que alguien me lavaba y me vestía. No dijo ni una palabra. Me metieron a una caja, supongo que fue un féretro. Estuvo cerrado todo el tiempo, ya que vagamente recuerdo escuchar llantos y rezos.
No sé cuánto tiempo pasó, pero haciendo memoria, estoy en un horno crematorio. ¿Soy un alma en pena?, tal vez. Sin embargo, estoy seguro que esas llamas que devoraron mi cuerpo, me dieron esta nueva libertad. Si soy un alma libre debo cruzar el portal…  

Jorge F. Guillen

“Pluma mexicana”


viernes, 1 de julio de 2016

Valak y mi alma

Siempre ambicione encontrar el tesoro que según mi abuela estaba oculto en su casa, ahora casa de mi madre, desde tiempos de la revolución. Eran según el mito, más de 100 centenarios, lo que traducido en dinero actual, eran más de 22 millones de pesos.
Me había quedado en el paro, y navegando por internet, encontré que había un demonio que ayudaba a encontrar tesoros entre otras cosas que se hacía llamar Valak. No pensé dos veces en contactarlo, las deudas me consumían y no había esperanza de encontrar trabajo próximamente, así que decidí invertir lo que me quedaba del finiquito para contactarlo y me dijera la ubicación del tesoro.
Acudí al mercado de sonora y después de bastante rato platicando con charlatanes y estafadores, varios me recomendaron con una señora. Cuando llegue al local, la puerta estaba abierta, así que entre, la energía que emanaba de aquel cuarto, era demasiado fuerte. La dama fue muy amable, incluso me advirtió que mi propósito era bastante oscuro, y que lo que deseaba, era un bajo valor por mi alma. Lo que me hizo titubear fue que ella me dijo que lo pensara bien antes de hacerlo, ya que una vez iniciado, no habría marcha atrás. Cegado por la ambición, decidí continuar. La amable dama me dio una especie de receta con un conjuro, y ciertos dibujos y pasos que debía trazar y hacer para invocarlo. Cuando quise pagarle, con lágrimas en los ojos me rechazo el pago.
Llegue a mi casa pensando en la dama, sin embargo estaba ansioso por que fueran las 3 de la mañana, ya que era la hora exacta en la que debía hacer la invocación.
A la hora mencionada, estaba listo. Había trazado el sello que me dio la dama, con mi propia sangre, como lo había mencionado, tenía encendidas las velas negras y listo un cáliz con hostias machacadas y revolcadas en sangre como tributo. Una vez que inicie la invocación, comenzó a temblar el piso, y por un instante reinó la obscuridad.  De súbito, el trazado que había hecho con mi propia sangre, se dibujó con fuego y el en centro apareció un sacerdote. Cegado por la ambición y engañado por la bondadosa figura del sacerdote, cambie mi alma por la ubicación exacta de los centenarios.
Los siguientes meses, todo fue perfecto, tenía muchísimo dinero y comodidades, sin embargo todos los días al terminarme de duchar, en el espejo aparecía la frase “me perteneces”. En casa comenzaron a pasar cosas extrañas. Decidí acudir con la dama del mercado de sonora, a lo cual solo me respondió que no había marcha atrás, que mi alma ya no me pertenecía.
Esa noche, el mismo sacerdote que me había otorgado su favor, se hizo presente en casa, pero se veía más demacrado. Sin previo aviso, me sujeto por el cuello con una mano que era más semejante a una garra que a una mano humana, y me exigió su pago. No puedo recordar nada, solo que me desvanecí, y que al día siguiente, tenía una mano marcada en el cuello. No hay nada que hacer, noche tras noche aparece, esperando pacientemente a que se extinga mi vida y pueda reclamar su pago. En mis sueños nocturnos solo puedo ver como Valak toma mi alma entre sus garras…

Jorge F. Guillen
“Pluma mexicana”