No puedo respirar bien, siento algo en mis fosas nasales y en la boca. Como puedo, retiro aquellos objetos, puedo palparlos, se sienten como bolas de algodón comprimidas.
En el impulso de la desesperación, intente salir del sitio, levanto los brazos y solo puedo escuchar el ruido sordo de un cristal rompiéndose, siento sobre mi torso caer los pedazos. Supongo que me corté al sentir el aroma y la sensación viscosa de mi sangre y el dolor en mis manos.
No puedo moverme, la oscuridad es total.
Palpo a mí alrededor, siento algo acolchado, cubierto con satín, un sudor frio recorre mi cuerpo, no hay duda, estoy en un ataúd.
El lugar es cómodo, siento como me incomoda el nudo de lo que siento, es una corbata. Intento aflojarlo sin mucho éxito.
El tiempo que llevo en esa posición, hace incomodar mi espalda, intento cambiar de postura, el espacio es demasiado estrecho.
Comienzo a recordar, estaba en la oficina, cuando sentí un fuerte dolor en el pecho, recuerdo el dolor y recuerdo que comencé a ver todo borroso. Vagamente recuerdo el sonido de una sirena. Ya lo recuerdo, una chica me hablaba dulcemente, recuerdo que me lavaba y hablaba dulcemente conmigo. No recuerdo sus palabras, sin embargo todo el tiempo me regalo una sonrisa. Recuerdo un escaparate, también recuerdo ver muchos conocidos llorando a través del cristal. Recuerdo, ya no recuerdo nada más.
A pesar de que he sobrevivido, no tengo muchas esperanzas. Hace demasiado calor. Otro escalofrío me recorre, al pensar que a mí alrededor, seguramente a no más de unos centímetros, se encuentran otros restos humanos.
La sed me está atormentando, siento como el sudor recorre mi frente y moja mi cabello, sin embargo no puedo beber nada.
Comienzo a ser presa de nuevo del pánico, juntaré todas mis fuerzas e intentare salir. No puedo hacer nada, supongo que sobre mi hay más de metro y medio de tierra.
Comienzo a sentir sueño, supongo que es por la hipoxia.
Ya no queda nada que hacer, estoy enterrado en vida. Me gustaría ver mi lápida. Es el momento justo para reunirme con el creador. Tengo la boca muy seca, al grado que mi lengua se pega en el paladar. De un momento a otro, perderé el conocimiento, no queda nada más que hacer, el sueño comienza a vencerme. Por primera vez en la vida… descansaré…
Jorge F. Guillen
“Pluma mexicana”







