martes, 6 de septiembre de 2016

Odiando la rutina


Ya estaba fastidiada, solo que no lo sabía. Toda la semana sola, iba a la oficina y por las noches llegaba a su casa, a dormir en una cama matrimonial sola. Su pareja trabaja fuera, solo los fines de semana iba a casa.
Todos los domingos por la noche lo veía partir y los viernes por la noche lo veía egresa. Tenía la esperanza que un día las cosas se reestablecieran, lo imaginaba regresando el fin de semana con un ramo de rosas para ella. Ese fin de semana se dio cuenta, lo vio llegar a casa ese viernes por la noche. Ella deseaba que la tomara como un león a su leona, deseaba revolver las sabanas con él, sentirlo entre sus piernas. Se había puesto su lencería sexy para recibirlo, se había preparado para él.
Al llegar, él solo le dijo hola. No la besó, fue directo a la cama. Ella regreso a la realidad y el fuego que había en su corazón se extinguió al sentir el hedor de los pies de su pareja en su nariz.
Todos esos meses que había esperado con ansia a que el la tocara, la acariciara y la tomara explotaron en un instante. No se pudo contener y lo baño de insultos. El solo dijo una frase que desató toda su cólera; “hay otra en mi vida”.
No pudo contener la rabia, tomo la lámpara de noche y la estrelló en su cabeza. La sangre que broto de su cráneo solo logro encender la ira. Él se quedó en el piso, lleno de rabia se levantó y la abofeteo, esperaba calmarla con este acto de violencia.
Ella corrió desesperada a la cocina del apartamento, solo alcanzo a escuchar sus pasos corriendo tras de ella. La rabia que sentía y el dolor de su corazón roto nublaron su pensamiento, solo tomo un cuchillo filetero y al voltear desgarró el  cuello de su perseguidor.
Todo el dolor y rutina que tenía sobre su ser la dejaron pasmada, solo recobro el conocimiento hasta que la sangre que emanaba del cuello del que solía ser su pareja toco las medias que cubrían sus pies.
En ese momento se sintió satisfecha, toda la pesadez que sentía se había desvanecido, inclusive no sentía el dolor en su mejilla. Había roto la rutina, se sentía liberada.
Tomo las llaves del auto y fue a comprar gasolina. Al regresar, rego el combustible por todo el departamento y le prendió fuego.
Nadie la ha visto desde entonces, los mas cercanos presumen que se fue embargada por la pena de perderlo todo, sin embargo yo se que se encuentra rompiendo su rutina, sus paradigmas y sus esquemas y satisfaciendo la sed de sangre que descubrió en ella ese día, ese día en que se dio cuenta que había vivido odiando la rutina.

Jorge F. Guillen
“Pluma mexicana”
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