viernes, 27 de mayo de 2016

EL BENEFACTOR DEL PUEBLO

Una mezcla de bienestar y paz en el corazón sintió al estar parado al frente del Congreso de la Unión, con una Tec-9 en cada mano.
El calor que emanaban las armas recién disparadas, no se comparaba con el de su corazón, que estaba embargado por un sentimiento de satisfacción plena.
Había cumplido con su deber.  No había duda, prueba de ello eran los cadáveres de los legisladores a su alrededor, perfectamente comparables con insectos en estado de descomposición, parásitos de la sociedad.
Era un trabajo que alguien debía hacer, alguien que amara infinitamente a la patria, así como la quimio mata las células cancerígenas, así alguien debía matar a los legisladores.
El recinto estaba en calma, era un ara, en la que se habían sacrificado varios animales, por la gracia de la Patria.
A pesar de las sirenas que sonaban a lo lejos, su mente estaba en paz, sabía que había hecho un bien a su país, ya era un benefactor del pueblo.
Había revindicado a las clases obreras, que marginadas y desempleadas sufrían en crisis, miseria y carencia, mientras los legisladores vivían día a día en opulencia, bebiendo la sangre del país sin ningún escrúpulo.
Era un acto que el mismísimo Dios había ordenado y favorecido, ya que había entrado hasta el mismísimo recinto legislativo sin ningún problema, los pocos extranjeros corruptos que trabajaban en el recinto legislativo, bajo el cobijo de los repugnantes legisladores, le habían permitido el acceso a cambio de unas cuantas monedas. Parecía increíble que en un recinto donde emanaban leyes, trabajaran extranjeros, sin embargo, era la triste realidad, así de podrido estaba el sistema.
El día era perfecto, era día de sucesión presidencial, gracias a él, ya no existía el dictador saliente, ni el entrante, ambos yacían en el piso, con la banda presidencial de por medio.
El pueblo era libre, sus tiranos yacían en el piso, entre curules y su propia sangre, muchos de ellos no se percataron de la liberación del país, ya que se encontraban en brazos de Morfeo cuando el libertador llegó al recinto.
No había remordimiento alguno, así como el matancero sacrifica al cerdo, así como el gato mata a la rata, fue un acto natural, así el patriota tiene que sacrificar a los tiranos.
Él era un patriota, un hombre libere de buenas costumbres, que liberó al pueblo, un hombre que fue privado de la vida, por un elemento del ejército reaccionario, y con este acto, a la patria su vida ofrendo, ¡él es un héroe!, ¡un benefactor del pueblo!




Jorge F. Guillén

“Pluma mexicana”


lunes, 16 de mayo de 2016

El Godinez maldito

Trabajaba en una oficina, enclaustrado todo el día, la única luz que tenía era la iluminación artificial y el computador frente a él.
Cuando tenía algún rato libre, aborrecía salir a la luz del sol. Odiaba a la gente, muy en secreto, tenía pensamientos homicidas respecto a sus compañeros.
Adoraba la oscuridad, entre papeles, números y reportes, se fue convirtiendo en una creatura oscura, sigilosa, huraña y taciturna.
La primera persona que asesinó, fue una chica, Godinez igual que él, era su compañera. Súbitamente dejo de ir a la oficina, hasta que la encontraron en estado de descomposición en una bodega de suministros.
Cuando él la asesinó, estaba colérico, se encontraba en un estado de alteración emocional violenta, la discusión fue por un reporte, un maldito reporte mensual que no fue entregado en tiempo, cuando a su mente volvió la razón, ella ya no existía, el rojo en su ropa era algo que lo complacía.
Desde ahí, tomó gusto por la sangre, día tras día, aguardaba con impaciencia la hora de salida, al igual que los demás Godinez de la oficina, corría atropelladamente al checador, para salir al mundo en busca de una nueva víctima.
No tenía preferencia por quien o en donde, lo único que le importaba, era romper esa rutina oficinesca que día a día lo alejaba de su humanidad, sentir la sangre corriendo en sus manos cuando lentamente recorría el cuello de sus víctimas con un cúter.
Cuando encontraron el cadáver de la primera víctima, la policía estuvo a punto de atraparlo, sin embargo, la investigación se detuvo, después de que 3 agentes asignados al caso, fueran asesinados. Los tres degollados, los tres desangrados.
Después de 365 vidas tomadas, se percató de que no había sangre que lo dejara satisfecho, quería más, pese a doblar el número de víctimas en medio año, nada lo llenaba.
Descubrió su maldición, el día que decidió abrir sus venas, su sed solo se sació cuando sintió su propia sangre en sus manos.
Sus restos mortales fueron descubiertos por una señora de limpieza, quien horrorizada vio en el cubículo del Godinez la ultima frase en letras rojas; “Ser Godinez mi maldición, la sangre mi salvación”



Jorge F. Guillén
“Pluma mexicana”

miércoles, 11 de mayo de 2016

El gran cantinflas

Siempre con los oprimidos
Defensor de la libertad
Nunca te espanto ningún ladrido
Con los pobres siempre estuvo tu lealtad

Ser feliz fue tu obligación
Hacernos felices una cortesía
Tu arte nos brindaste con abnegación
La postrera sombra te llevo con alevosía

¡Ahí está el detalle chato!
Grande eres, fuiste y serás
Aunque por ahí hay algún ingrato
La gloria tú por siempre beberás

Diógenes, Sebas, Úrsulo, sobre todo Cantinflas
Policía, cura, portero, sobre todo humano
Siempre en nuestras mentes la sabiduría insuflas
Siempre nos enseñaste a tender una mano

En blanco y negro, o en color
En época de oro, o época contemporánea
Del país siempre retrataste fielmente el olor
Sin temor, tu obra la maldad balconea

¿Cómo dice que dijo?, aquel dijo
Tons como quien dice, no dice nada
Maldito sea el que alguna vez te maldijo
Por siempre te recordara tu patria amada

Jorge F. Guillèn
“Pluma mexicana”