El calor que emanaban las armas recién disparadas, no se comparaba con el de su corazón, que estaba embargado por un sentimiento de satisfacción plena.
Había cumplido con su deber. No había duda, prueba de ello eran los cadáveres de los legisladores a su alrededor, perfectamente comparables con insectos en estado de descomposición, parásitos de la sociedad.
Era un trabajo que alguien debía hacer, alguien que amara infinitamente a la patria, así como la quimio mata las células cancerígenas, así alguien debía matar a los legisladores.
El recinto estaba en calma, era un ara, en la que se habían sacrificado varios animales, por la gracia de la Patria.
A pesar de las sirenas que sonaban a lo lejos, su mente estaba en paz, sabía que había hecho un bien a su país, ya era un benefactor del pueblo.
Había revindicado a las clases obreras, que marginadas y desempleadas sufrían en crisis, miseria y carencia, mientras los legisladores vivían día a día en opulencia, bebiendo la sangre del país sin ningún escrúpulo.
Era un acto que el mismísimo Dios había ordenado y favorecido, ya que había entrado hasta el mismísimo recinto legislativo sin ningún problema, los pocos extranjeros corruptos que trabajaban en el recinto legislativo, bajo el cobijo de los repugnantes legisladores, le habían permitido el acceso a cambio de unas cuantas monedas. Parecía increíble que en un recinto donde emanaban leyes, trabajaran extranjeros, sin embargo, era la triste realidad, así de podrido estaba el sistema.
El día era perfecto, era día de sucesión presidencial, gracias a él, ya no existía el dictador saliente, ni el entrante, ambos yacían en el piso, con la banda presidencial de por medio.
El pueblo era libre, sus tiranos yacían en el piso, entre curules y su propia sangre, muchos de ellos no se percataron de la liberación del país, ya que se encontraban en brazos de Morfeo cuando el libertador llegó al recinto.
No había remordimiento alguno, así como el matancero sacrifica al cerdo, así como el gato mata a la rata, fue un acto natural, así el patriota tiene que sacrificar a los tiranos.
Él era un patriota, un hombre libere de buenas costumbres, que liberó al pueblo, un hombre que fue privado de la vida, por un elemento del ejército reaccionario, y con este acto, a la patria su vida ofrendo, ¡él es un héroe!, ¡un benefactor del pueblo!
Jorge
F. Guillén
“Pluma mexicana”
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