martes, 7 de noviembre de 2017

EL BOXER ASESINO

La imagen puede contener: perro


Llego hace como un año a nuestro hogar, al principio era la novedad. Era un bóxer macho de un año, lo adoptamos con una asociación.
Jamás pensé que tuviera un lado obscuro tras esa inocente cara de bobalicón.
Desde su llegada, rápidamente se adaptó a nosotros; jugaba con los niños, se echaba a los pies de la cama a ver el televisor, nos meneaba la cola cada vez que nos miraba.
Era muy grande para la raza a la que pertenecía, sin embargo, nunca le prestamos atención, ya que era un perro muy noble y juguetón.
Hace tres meses, me mostro su lado negro. Esa noche, le puse la correa con la finalidad que me acompañara a la tienda de la colonia a comprar algo. Caminamos por la calle, estaba obscura, el perro caminaba a mi lado, alerta. De entre las sombras apareció un delincuente, que llevaba en la mano algo que parecía un arma blanca. Intente sacar a toda prisa mis pertenencias con la finalidad de no prolongar el asalto, cuando el perro se abalanzó sobre el asaltante. No le dio tiempo a gritar, solo se alcanzaba a ver como se retorcía, sin poder gritar, ya que las fauces del perro rodeaban su garganta. Cuando se dejó de mover, el perro lo desmembró y trago una a una las partes amputadas, solamente dejo el tronco. Yo no daba crédito a lo ocurrido.
Cuando terminó, me volteo a ver meneando la cola, en busca de mi aprobación. Solo pude acariciar su cabeza y empezar a caminar rumbo a casa.
Como esa ocasión, han pasado cuatro incidentes más, ya que vivimos en una ciudad peligrosa, llena de crisis y desempleo.
Ahora, todas las noches el perro toma la correa con el hocico y me la lleva, con la finalidad que los saque, en busca de su verdadera cena; cualquier delincuente que se cruce en nuestro camino. 


Jorge F. Guillen

“Pluma mexicana”