lunes, 16 de mayo de 2016

El Godinez maldito

Trabajaba en una oficina, enclaustrado todo el día, la única luz que tenía era la iluminación artificial y el computador frente a él.
Cuando tenía algún rato libre, aborrecía salir a la luz del sol. Odiaba a la gente, muy en secreto, tenía pensamientos homicidas respecto a sus compañeros.
Adoraba la oscuridad, entre papeles, números y reportes, se fue convirtiendo en una creatura oscura, sigilosa, huraña y taciturna.
La primera persona que asesinó, fue una chica, Godinez igual que él, era su compañera. Súbitamente dejo de ir a la oficina, hasta que la encontraron en estado de descomposición en una bodega de suministros.
Cuando él la asesinó, estaba colérico, se encontraba en un estado de alteración emocional violenta, la discusión fue por un reporte, un maldito reporte mensual que no fue entregado en tiempo, cuando a su mente volvió la razón, ella ya no existía, el rojo en su ropa era algo que lo complacía.
Desde ahí, tomó gusto por la sangre, día tras día, aguardaba con impaciencia la hora de salida, al igual que los demás Godinez de la oficina, corría atropelladamente al checador, para salir al mundo en busca de una nueva víctima.
No tenía preferencia por quien o en donde, lo único que le importaba, era romper esa rutina oficinesca que día a día lo alejaba de su humanidad, sentir la sangre corriendo en sus manos cuando lentamente recorría el cuello de sus víctimas con un cúter.
Cuando encontraron el cadáver de la primera víctima, la policía estuvo a punto de atraparlo, sin embargo, la investigación se detuvo, después de que 3 agentes asignados al caso, fueran asesinados. Los tres degollados, los tres desangrados.
Después de 365 vidas tomadas, se percató de que no había sangre que lo dejara satisfecho, quería más, pese a doblar el número de víctimas en medio año, nada lo llenaba.
Descubrió su maldición, el día que decidió abrir sus venas, su sed solo se sació cuando sintió su propia sangre en sus manos.
Sus restos mortales fueron descubiertos por una señora de limpieza, quien horrorizada vio en el cubículo del Godinez la ultima frase en letras rojas; “Ser Godinez mi maldición, la sangre mi salvación”



Jorge F. Guillén
“Pluma mexicana”

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