La mayor parte de su vida fue invisible para el resto de sus
compañeros de trabajo, solo le conocían como “el señor de la limpieza”. Poco a
poco había acumulado rencor hacia sus compañeros, ya que, toda la vida lo habían
menospreciado por no ir a la oficina como la mayoría de los Godinez del lugar,
en su lugar, el vestía un mono de trabajo, la mayoría bebía café del mundo
globalizado, mientras el bebía café soluble.
Su sueldo era muy inferior al del resto de los Godinez que trabajaban ahí, sus actividades eran diferentes. Todas estas y otras diferencias, poco a poco oscurecieron su conciencia, como suele pasar en todos lados en donde existen diferencias sociales. Él no podía desahogarlas. Solo seguía tirando con su trapeador en mano.
Cierto día, al llegar a limpiar la oficina, como de costumbre temprano, estaba su jefa, esperándolo para reprenderlo por un piso el cual aparentemente no estaba trapeado. Él se limitó a saludar, a lo cual como respuesta obtuvo el regaño de su vida. Esa fue la fractura que despostillo su conciencia, no lo pudo soportar y le soltó una bofetada, la mujer se quedó inmóvil. Iracundo, tomo el trapeador, y la estranguló.
Cuando reacciono, aun no llegaba nadie más a la oficina, subió el cuerpo a la azotea y lo incendió. Los restos de ceniza, se los llevo el viento. El aun no podía comprender lo que había sucedido, el pánico se apoderaba de él. Toda esa noche, no pudo conciliar el sueño, pensaba en que sucedería si lo atrapaban y quedara a la sombra de la prisión.
Medito toda la noche, y decidió deshacerse de toda la oficina. Se consolaba mentalmente pensando que todos merecían morir por ser hijos del capitalismo y por las diferencias sociales.
Consiguió un tanque de gas LP y en la mañana que llego, lo dejo abierto en la oficina. Cuando habían llegado todos, atasco las puertas con el trapeador y prendió fuego a la misma.
Todos murieron, a causa de día tras día, alimentar inconscientemente una inconformidad social. Tras de ellos solo quedo intacta la puerta y el trapeador que la atascaba.
Su sueldo era muy inferior al del resto de los Godinez que trabajaban ahí, sus actividades eran diferentes. Todas estas y otras diferencias, poco a poco oscurecieron su conciencia, como suele pasar en todos lados en donde existen diferencias sociales. Él no podía desahogarlas. Solo seguía tirando con su trapeador en mano.
Cierto día, al llegar a limpiar la oficina, como de costumbre temprano, estaba su jefa, esperándolo para reprenderlo por un piso el cual aparentemente no estaba trapeado. Él se limitó a saludar, a lo cual como respuesta obtuvo el regaño de su vida. Esa fue la fractura que despostillo su conciencia, no lo pudo soportar y le soltó una bofetada, la mujer se quedó inmóvil. Iracundo, tomo el trapeador, y la estranguló.
Cuando reacciono, aun no llegaba nadie más a la oficina, subió el cuerpo a la azotea y lo incendió. Los restos de ceniza, se los llevo el viento. El aun no podía comprender lo que había sucedido, el pánico se apoderaba de él. Toda esa noche, no pudo conciliar el sueño, pensaba en que sucedería si lo atrapaban y quedara a la sombra de la prisión.
Medito toda la noche, y decidió deshacerse de toda la oficina. Se consolaba mentalmente pensando que todos merecían morir por ser hijos del capitalismo y por las diferencias sociales.
Consiguió un tanque de gas LP y en la mañana que llego, lo dejo abierto en la oficina. Cuando habían llegado todos, atasco las puertas con el trapeador y prendió fuego a la misma.
Todos murieron, a causa de día tras día, alimentar inconscientemente una inconformidad social. Tras de ellos solo quedo intacta la puerta y el trapeador que la atascaba.
Jorge F. Guillén
“Pluma mexicana”
“Pluma mexicana”

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