miércoles, 20 de julio de 2016

El demonio de Chapultepec

Había hecho el amor con mi chica hasta muy tarde, nos encontrábamos en un estacionamiento del bosque de  Chapultepec. Era aproximadamente 2:58 de la mañana, me daba curiosidad caminar por el bosque a esa hora. Mi chica no quiso salir del auto, se tapó con una frazada y se acomodó a dormir en el asiento trasero.
Me vestí, y salí a caminar un poco en el bosque. El viento era helado y solo unos cuantos postes de luz iluminaban algunas sendas del bosque.
Ya había perdido de vista el estacionamiento y únicamente escuchaba el crujido de las ramas que pisaba, el susurro de algunos animales y el viento soplando entre las ramas.
Estaba a punto de regresar, cuando algo pasó empujándome a toda prisa. Lleve mi mano a mi bolsillo trasero y no tenía mi billetera,  seguramente era un ladrón que me la acababa de robar. Sin pensarlo más corrí en su búsqueda, estaba resuelto a recuperar mi cartera. Comenzaba a fatigarme sin poder dar alcance al ladrón, estaba a punto de abandonar la persecución cuando se detuvo a un costado del museo de antropología. Claramente vi como salto entre las rejas y entro al edificio por una de las exposiciones exteriores. Algo en mi ser me decía que me fuera, sin embargo al recordar mi cartera, resolví seguirle nuevamente. Salte la reja y entre al edifico en medio de la obscuridad. Después de un rato, me percaté de que en esa sala no había nadie, por lo que me dispuse a regresar, sin embargo vi nuevamente a la sombra correr en el patio. Rápidamente Salí de esa sala en su búsqueda, al llegar al patio, solo alcance a ver que entraba en la sala mexica.
Al entrar todo era penumbra total, mis ojos apenas se acostumbraban a la oscuridad, cuando unas llamas se encendieron, pude ver que estaba parado frente al calendario azteca.
La luz de las llamas lastimaba mis ojos, así que no pude abrirlos del todo, los cerré para habituarme mas rápido, y al abrirlos estaba frente a mí. Era el rostro más espantoso que he visto en la vida, tenía dientes afilados y excesivamente grandes, su piel era arrugada, su nariz hacia recordar el día de brujas y sus ojos destellaban la maldad.
Solo sentí un fuerte empujón y alcance a escuchar una risa maléfica. En cuanto pude incorporarme, salí lo más rápido que dieron mis piernas y no paré hasta llegar al auto. No dije ni una palabra a mi chica.
A la mañana siguiente, efectivamente no tenía mi billetera y mi chamarra estaba desgarrada. No le di mayor importancia, hasta que conté el incidente a un buen amigo, el cual me dijo que ese era el demonio del calendario azteca, y que por consumar el acto carnal en su territorio tenía que ofrecerle un tributo, que había tomado mi billetera, ya que ahí tenia parte de mi esencia y que para recuperarla, tendría que ir nuevamente a la misma hora y ofrecer un poco de mi sangre sobre el calendario, o de lo contrario, tomaría mi alma. Sin embargo me advirtió que tuviera cuidado, ya que el demonio trataría de engañarme y tomar mi alma y cuerpo, arrastrándome al infierno.
Estoy aquí, aguardando la hora, mis manos sudan sobre el teclado. Si lees esto, quizá haya perdido mi alma, solo no olvides nunca consumar el acto en los terrenos de este demonio…

Jorge F. Guillen
“Pluma mexicana”

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