viernes, 8 de julio de 2016

Las llamas que devoraron mi cuerpo

Nunca entendí que pasó,  algo recordaba borrosamente; había cogido un taxi. No había caminado del trabajo a casa. Abrí la puerta y me sentí mal.
No recuerdo que pasó.
A mi alrededor solo había tierra, si, era tierra, más bien era como la ceniza de un cigarro, solo que el aroma era bastante diferente. No me puedo mover, solo alcanzo a ver luz que entra por algo parecido a una ventanilla.
¿En dónde estoy?, quizá fui secuestrado. No lo creo. Estoy atrapado en mi cuerpo, no puedo ni levantar los brazos, tampoco puedo respirar. Mi pecho no se mueve.
Que sensación tan extraña. Siento la incomodidad del lugar en donde estoy, creo que me duele la espalda y estoy seguro que me duele muchísimo la cabeza. Hace calor aquí.
Nunca antes había estado aquí. ¿Cómo habré llegado aquí?, lo recuerdo vagamente. Estuve en un lugar parecido, solo que era frio, me dolía la cabeza, pero igual, no pude moverme. Me quede dormido, hasta que un movimiento me despertó. No pude ver qué pasaba. Cierto, me cubrieron con una bolsa.
Veo llamas, si, son llamas, ¡Me estoy quemando! Siento el calor y siento el dolor de las llamas que devoran mi cuerpo, no puede ser posible. Veo las llamas lamer mis  ojos, extrañamente el dolor de mi cabeza está desapareciendo.
Ya me puedo mover, que raro, me siento muy ligero, ya no tengo dolor, y pese a que estoy entre las llamas, no siento calor ni frio.
Ya lo recuerdo, camine del trabajo a casa, al entrar había alguien. Si, estaba robando mi casa, no me dio oportunidad de defenderme, me disparó. Estuve en el suelo durante horas, hasta que la vecina histérica me cubrió con una manta blanca, solo veía el tejido de la tela, pero pude escuchar. Escuche que había sido asesinado. Me llevaron al forense, de eso estoy totalmente seguro, ya que sentí como removían mis viseras y en términos médicos decían que eran sanas, a excepción de mis pulmones, supongo que estaban afectados por el cigarrillo. Disparò en la cabeza dijeron, supongo que por eso me dolía la cabeza, sin embargo sentí el hedor de mis propias viseras. Sentí la aguja entrar y salir de mi piel varias veces y, a punto de desmayarme,  me metieron a una especie de refrigerador en el cual perdí el conocimiento.
Cuando me movieron y me deslumbro la luz, solo recuerdo que alguien me lavaba y me vestía. No dijo ni una palabra. Me metieron a una caja, supongo que fue un féretro. Estuvo cerrado todo el tiempo, ya que vagamente recuerdo escuchar llantos y rezos.
No sé cuánto tiempo pasó, pero haciendo memoria, estoy en un horno crematorio. ¿Soy un alma en pena?, tal vez. Sin embargo, estoy seguro que esas llamas que devoraron mi cuerpo, me dieron esta nueva libertad. Si soy un alma libre debo cruzar el portal…  

Jorge F. Guillen

“Pluma mexicana”


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