
Todavía recuerdo esa noche. Estaba cayendo una
tormenta muy fuerte y por lo mismo, se reventó el transformador de la colonia.
En la penumbra, fui por una vela, su tenue luz hacia más aterradora la obscuridad. Solo escuchaba el ruido del agua cayendo en el jardín, era relajante.
Fui a la cocina para preparar un café, en lo que se calentaba, me asome por la ventana hacia el jardín y logre apreciar una sombra que parecía humana. El pánico se apodero de mí, no estaba seguro si se trataba de algo o de alguien, máxime que en esa casa, por aquel entonces solo vivía yo.
En el ruido de la lluvia, alcance a escuchar “Esta bien cerrada esta madre”, eso me convenció que era un ladrón. Fui a llamar a la policía, sin embargo, cuando estaba esperando en línea a que contestaran mi llamado, la sangre fría se apodero de mí.
Regrese a la cocina y tome un cuchillo afilado. Espere a que el ladrón abriera la puerta, oculto entre las sombras del apagón. Para facilitar la tarea del ladrón, le retire el seguro a la chapa sigilosamente. El ladrón empujo la puerta desde afuera con toda su fuerza, la cual se abrió sin ninguna resistencia. Entro sigilosamente, tratando de reconocer el sitio. Comencé a seguirlo, aprovechando la ventaja que conocía la casa como la palma de mi mano. Entro por la cocina, siguió por la sala, subió las escaleras y entro a mi habitación. Empezó a registrar mis cajones, y exclamo “ahora si me saque la lotería”, cuando encontró la caja fuerte oculta en mi closet.
Mientras se escuchaba el forcejeo que tenía tratando de abrir la caja, me acerque lentamente y lo tome por la espalda, tratando de estrangularlo con mi brazo. Solo alcanzo a decir “si no me sueltas, vas a valer madre”, en ese momento le susurre al oído “el que ya valió madre eres tú”, mientras cortaba su cuello. Intento grita, sin embargo le tape la boca con la mano. Solo pude sentir la cálida sangre que brotaba de su cuello. En poco tiempo, dejo de luchar para intentar zafarse.
Arrastre su cuerpo hasta el jardín. Todavía llovía, aprovechando que la tierra del jardín estaba húmeda, hice un agujero bastante grande y profundo, para albergar el cuerpo. Justo había terminado de cubrir el cuerpo, cuando regreso la luz, lo cual aproveche para limpiar toda la sangre que había quedado.
Desde ese entonces, el está ahí, y cada vez que llueve, en el sitio donde lo sepulté, se puede observar su silueta, mirando con melancolía, arrepentimiento y odio…
En la penumbra, fui por una vela, su tenue luz hacia más aterradora la obscuridad. Solo escuchaba el ruido del agua cayendo en el jardín, era relajante.
Fui a la cocina para preparar un café, en lo que se calentaba, me asome por la ventana hacia el jardín y logre apreciar una sombra que parecía humana. El pánico se apodero de mí, no estaba seguro si se trataba de algo o de alguien, máxime que en esa casa, por aquel entonces solo vivía yo.
En el ruido de la lluvia, alcance a escuchar “Esta bien cerrada esta madre”, eso me convenció que era un ladrón. Fui a llamar a la policía, sin embargo, cuando estaba esperando en línea a que contestaran mi llamado, la sangre fría se apodero de mí.
Regrese a la cocina y tome un cuchillo afilado. Espere a que el ladrón abriera la puerta, oculto entre las sombras del apagón. Para facilitar la tarea del ladrón, le retire el seguro a la chapa sigilosamente. El ladrón empujo la puerta desde afuera con toda su fuerza, la cual se abrió sin ninguna resistencia. Entro sigilosamente, tratando de reconocer el sitio. Comencé a seguirlo, aprovechando la ventaja que conocía la casa como la palma de mi mano. Entro por la cocina, siguió por la sala, subió las escaleras y entro a mi habitación. Empezó a registrar mis cajones, y exclamo “ahora si me saque la lotería”, cuando encontró la caja fuerte oculta en mi closet.
Mientras se escuchaba el forcejeo que tenía tratando de abrir la caja, me acerque lentamente y lo tome por la espalda, tratando de estrangularlo con mi brazo. Solo alcanzo a decir “si no me sueltas, vas a valer madre”, en ese momento le susurre al oído “el que ya valió madre eres tú”, mientras cortaba su cuello. Intento grita, sin embargo le tape la boca con la mano. Solo pude sentir la cálida sangre que brotaba de su cuello. En poco tiempo, dejo de luchar para intentar zafarse.
Arrastre su cuerpo hasta el jardín. Todavía llovía, aprovechando que la tierra del jardín estaba húmeda, hice un agujero bastante grande y profundo, para albergar el cuerpo. Justo había terminado de cubrir el cuerpo, cuando regreso la luz, lo cual aproveche para limpiar toda la sangre que había quedado.
Desde ese entonces, el está ahí, y cada vez que llueve, en el sitio donde lo sepulté, se puede observar su silueta, mirando con melancolía, arrepentimiento y odio…
Jorge F. Guillen
“Pluma mexicana”
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