Son casi las 12, el
año está próximo a acabar. Estoy cansado de trabajar y trabajar, año con año,
sin lograr mis objetivos económicos.
Otra vez estoy rodeado de personas que todo el año se la pasan maldiciendo, quejándose y que en estos momentos, están agradeciendo por este año que está a punto de terminar.
Tanta hipocresía me da asco, el escuchar “con que tengamos salud, lo demás no importa”.
Sin despedirme de nadie, me retiro, voy conduciendo a casa y llega a mi memoria ese librito que compre en el mercado de sonora, lo compre por curiosidad, sin embargo, quiero ver que tan ciertas son esas patrañas.
Otra vez estoy rodeado de personas que todo el año se la pasan maldiciendo, quejándose y que en estos momentos, están agradeciendo por este año que está a punto de terminar.
Tanta hipocresía me da asco, el escuchar “con que tengamos salud, lo demás no importa”.
Sin despedirme de nadie, me retiro, voy conduciendo a casa y llega a mi memoria ese librito que compre en el mercado de sonora, lo compre por curiosidad, sin embargo, quiero ver que tan ciertas son esas patrañas.
Al llegar a casa,
faltan 5 minutos para las 12, empiezo a leer aquel conjuro para llamar a
lucifer y ofrecer mi alma. No quiero la vida eterna, si tengo que vivir puras
privaciones en la vida terrenal.
Coloco mi pentagrama en el piso, con sus velas negras en cada punta. Falta un minuto para las 12. Comienzo a recitar aquel conjuro “Lucifer, yo te amo, príncipe de la obscuridad, ven a mí, oh príncipe de las tinieblas, siempre te serviré”, mientras recito estas palabras, abro una herida en mi muñeca.
¿Qué está pasando?, un humo negro, comienza a brotar del lugar del pentagrama donde ha caído mi sangre. Volteo a ver el reloj, se ha detenido.
Escucho una risa, y distingo una silueta, se empieza a desvanecer el humo, en el centro del pentagrama hay una mujer hermosa.
Coloco mi pentagrama en el piso, con sus velas negras en cada punta. Falta un minuto para las 12. Comienzo a recitar aquel conjuro “Lucifer, yo te amo, príncipe de la obscuridad, ven a mí, oh príncipe de las tinieblas, siempre te serviré”, mientras recito estas palabras, abro una herida en mi muñeca.
¿Qué está pasando?, un humo negro, comienza a brotar del lugar del pentagrama donde ha caído mi sangre. Volteo a ver el reloj, se ha detenido.
Escucho una risa, y distingo una silueta, se empieza a desvanecer el humo, en el centro del pentagrama hay una mujer hermosa.
¿De verdad quieres
venderme tu alma, a cambio de riqueza? Me pregunta. Sin vacilarlo, afirmo la
pregunta. Un resplandor comienza a emanar de mí, y se extiende como un camino luminoso
a sus garras. Poco a poco este resplandor se hace más tenue. Ella tiene mi alma
en sus manos.
No me siento diferente, ella me mira y se ríe. “siempre serás mío, y cuando mueras, no tendrás que preocuparte, ya que tu alma estará siempre conmigo”.
De súbito se llena de humo la habitación, ya no tengo la herida en mi muñeca y el pentagrama ya no está, volteo a ver el reloj y ya está funcionando.
Suena el teléfono, es una extraña llamada, diciendo que toda mi familia ha muerto al colapsar el edificio en donde estaban celebrando el fin de año y a mi mente llega el pensamiento que soy el único heredero.
No tendré que preocuparme por el dinero más, pero ¿está pasando todo esto? ¿de verdad hice un pacto de fin de año?
En estos pensamientos, dan las 12, a lo hecho pecho, así que solo me preocupare por no morir…
No me siento diferente, ella me mira y se ríe. “siempre serás mío, y cuando mueras, no tendrás que preocuparte, ya que tu alma estará siempre conmigo”.
De súbito se llena de humo la habitación, ya no tengo la herida en mi muñeca y el pentagrama ya no está, volteo a ver el reloj y ya está funcionando.
Suena el teléfono, es una extraña llamada, diciendo que toda mi familia ha muerto al colapsar el edificio en donde estaban celebrando el fin de año y a mi mente llega el pensamiento que soy el único heredero.
No tendré que preocuparme por el dinero más, pero ¿está pasando todo esto? ¿de verdad hice un pacto de fin de año?
En estos pensamientos, dan las 12, a lo hecho pecho, así que solo me preocupare por no morir…
Jorge F. Guillen
“Pluma mexicana”

Muy bueno, acorde a éstas fechas en que todos piensan en dinero.
ResponderEliminar