domingo, 27 de noviembre de 2016

La madrastra ebria

Siempre odio el trabajo, aborrecía ser ordenada por alguien más. La educación que le dieron en el pueblo del que procedida, la limitaba a trabajar como sirvienta; limpiar, lavar, cocer y cocinar. No  sabía leer ni escribir. Odiaba profundamente ese pueblo y la gente que había en él. Adoraba la bebida, en especial un fermentado de aguardiente y nanches que preparaban en su pueblo natal. Con ese elixir olvidaba su miserable realidad.
No usaba zapatos, sus pies rajados y partidos por la tierra la agobiaban de dolor y eran un motivo más para huir del trabajo.
Su oportunidad llego, el día que trabajo en la casa de un extranjero mayor, viudo con una pequeña. Su esposa falleció el día que dio a  luz. Al contratar dicha sirvienta, sus bajos instintos se despertaron. Eran otras épocas, así que la hizo su esposa.
Por primera vez en la vida, tuvo algo de poder, fue enseñada a vestir, a comer, a hablar y a comportarse. En su negro corazón los celos y el odio se fueron acumulando al ver el cariño que le profesaba el anciano a su pequeña hija. En cuanto tuvo la oportunidad, le dio su alma al demonio en un pacto a cambio de tener los bienes y el poder de aquel extranjero. El demonio al ver su obscuro corazón, accedió inmediatamente.
Al poco tiempo, murió aquel extranjero, dejando a su pequeña en garras de la madrastra ebria. Como es de imaginarse, la pequeña fue humillada, maltratada y descuidada, hasta que protegida de la mano de Dios, huyo por su propia cuenta.
La madrastra ebria, siguió su vida de atropellos y miserias, traía a la gente de su pueblo a trabajar en condiciones peores que la esclavitud. Mato a su propia hermana, la cual trabajaba como sirvienta de la casa de esta señora. Enferma y al borde de la muerte fue explotada hasta que dio el último suspiro.
Nada en esta vida es gratis, por lo cual pasados los años, el demonio vino a cobrar su factura. Ella aterrada, bebió más y más, sin embargo, no logro escapar de aquel negro cobrador. Todas las noches venía a sus aposentos, la golpeaba y la trataba de arrastrar al infierno. Un día el demonio se fastidio y le dijo una frase que sigue retumbando en su cabeza; “aguardare al día que mueras y ahí nada te podrá salvar, tu alma es mía y ardera por siempre en el infierno”.
Nada podía hacerla olvidar esa frase y esa risa burlona, la cual día y noche retumbaba en su cabeza.
Desde ese dia y a la fecha, va todos los días a la iglesia tratando de burlar el trato con el demonio, sin embargo, nada la salvara, ya que la postrera sombra esta próxima a su alcoba y el demonio aguarda tras de ella….


Jorge F. Guillen
“Pluma mexicana”

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